10 cosas que SÍ sé hacer cuando viajo

Hace poco escribí un post sobre aquellas cosas que soy incapaz de hacer en los viajes, puedes leerlo aquí ⇒10 cosas que NO sé hacer cuando viajo.

Hoy vengo con un poquito más de positividad y te quiero contar aquello que SÍ sé hacer cuando viajo. Si tienes curiosidad, ¡sigue leyendo!

1. Encontrar ofertas de vuelos y alojamientos

No sé cómo lo hago pero cada dos por tres encuentro cada chollo en vuelos o en alojamiento que siempre llego a la misma conclusión de que me saldría más barato quedarme en casa que irme de viaje. De hecho, ¡he llegado a pensar que son los chollos los que me encuentran a mí! Aún cuando estoy pasando por una de esas épocas que intento no conectarme a Internet para no caer en la tentación de mirar billetes de avión y hoteles, al final siempre acabo enterándome de alguna oferta, ya sea porque las aerolíneas me mandan correos, porque alguien lo escribe en Facebook o porque una amiga me viene con el chivatazo. ¡Qué difícil es salir de ese círculo vicioso de billetes de avión tirados de precio! 🙁

Encontrar chollos viajeros y celebrarlo con un baile sexy…

2. Planear los viajes

Si soy buena encontrando ofertas, planeando los viajes ya ni te cuento (la modestia no es una de mis virtudes por lo que se ve jajaja 🙄 ).

No me gusta viajar y que otros me planeen el viaje; prefiero sacar tiempo yo de debajo de las piedras si hace falta pero la planificación tiene que correr a mi cargo sí o sí. Organizo los viajes por días, por rutas o zonas y tengo en cuenta todos los factores que pueden hacer modificar esa planificación, como el cansancio o la improvisación de último momento. Además, organizar los viajes de esta manera hace que ahorre tiempo y dinero, así que genial. Obviamente, a veces me equivoco o se me olvidan cosas pero no suele ser algo habitual.

3. Madrugar

Cuando viajo no me importa despertarme antes del amanecer si hace falta con tal de seguir descubriendo nuevos lugares. Vale, las ojeras no me las quita nadie pero tampoco me importa mucho, viajar compensa cualquier madrugón.

En mi vida diaria me pasa todo lo contrario, ODIO madrugar. No es que esté de mal humor por las mañanas ni nada de eso, de hecho, una vez que me espabilo puedo estar hasta contenta aunque sea muy temprano. Lo que realmente me provoca mi enfado con el mundo es el hecho de que un despertador me interrumpa el sueño de esa forma tan brusca y que tenga que salir de la cama cuando estoy tan calentita. Y mira que no soy una persona dormilona ni nada por el estilo, pero es que estoy convencida de que madrugar es una de las peores costumbres de la humanidad. Que alguien erradique los madrugones, ¡poooor favoooor!

kk4. Aburrirme en el avión

Tengo la grandísima suerte de que no me da ningún miedo subirme a un avión, hasta ahí todo genial. Pero confieso que me aburro sobremanera durante los trayectos en avión, en serio, lo paso realmente mal. Cuantas más horas tenga que pasar dentro de él, mayor es mi sensación de desespero y de aburrimiento extremo. Y mira que hago de todo para distraerme: dormir un poco, leer algún libro, molestar al que se sienta delante de mí, hincharme a comer chocolate o ver la serie completa de “Los Serrano”, pero es que nada de eso me distrae lo suficiente como para no alcanzar el nivel de aburrimiento extremo. Los únicos momentos que disfruto estando en el avión son el despegue y el aterrizaje, pero lo demás… bah. Además, tengo los ojos hiper sensibles y el aire de los aviones me los deja tan rojos que parece que acabo de llegar de pegarme una fiesta loca con Amy Winehouse. Fatal, fatal.

5. Ser positiva

La verdad es que me considero una bastante persona positiva (o al menos lo intento) pero cuando viajo lo soy mucho más: siempre intento buscar el lado bueno de todo. Por ejemplo, el verano que nos fuimos de viaje a Grecia, nuestro avión salió de Barcelona a las 12 de la noche y llegamos a Atenas a las 4 de la mañana, sin haber dormido y con un sueño que te mueres. Por un error del hotel nos encontramos con que no había habitación libre para nosotros y la nuestra no estaría disponible hasta las 12 del mediodía. Estábamos tan exhaustos que fuimos buscando habitaciones libres en hoteles de la zona y estaba todo ocupado, TODO. Total, que acabamos a las 5 de la mañana sentados en una plaza del barrio de Plaka, aún de noche, con un frío que pelaba, rodeados de mendigos y de jóvenes borrachos (era la madrugada del domingo) y de unas ratas más grandes que mi perra chihuahua. Estuvimos así, sentados en el banco con una mezcla de asco, sueño y enfado hasta que yo pensé: “Bueno, si tenemos que pasar toda la noche sin dormir, al menos vamos a sacarle provecho al asunto”. Así que esperamos a que amaneciera y a las 6 de la mañana nos metimos en la mejor cafetería que encontramos abierta y nos pegamos un señor desayuno. A las 7 nos fuimos a la Acrópolis y, como resulta lógico, éramos los primeros en la cola para comprar las entradas. A las 8 abrieron  y dos minutos más tarde estábamos nosotros subiendo a ver el impresionante Partenón. Gracias a haber estado allí tan pronto, pudimos ver esta obra de arte prácticamente solos y muy a gusto. A las 12, cuando salimos de la Acrópolis, el sol pegaba tan fuerte que rajaba las piedras y había colas infinitas de japoneses bañados en sudor que subían a ver el Partenón. Después de eso seguimos pateando Atenas hasta la hora de comer y ya luego no recuerdo nada más porque llegue al hotel y no me desperté hasta la mañana siguiente. Lo único malo de ese día fue que en las fotos salgo con una cara de sueño increíble  🙄

acropolis

6. Ser una persona activa

Cuando viajo me sobran energías hasta para hacerme una maratón (bueno, tampoco exageremos, que el deporte no es lo mío). Yo en mi día a día soy más bien tirando a seta o champiñón, es decir, que me gusta mucho estar en casa, tranquilita, leyendo o con el ordenador. No me gusta nada eso de salir por la mañana de casa y llegar por la noche, pero en los viajes todo cambia. Si fuera por mí, me despertaría al amanecer y no volvería al hotel hasta que no notara que las piernas me van a reventar de tanto caminar.

7. Estar de buen humor

Cuando viajo estoy todo el rato feliz, TODO EL RATO. Más o menos tengo esta cara:

2016-01-12-09_24_56-Tastefully-Offensive8. Soportar el frío

Odio el invierno y odio el frío. A pesar de llevar viviendo unos cuantos años en Barcelona, sigo teniendo esa mentalidad tan canaria de morirme de frío cuando el termómetro baja de los 15 grados. Reconozco que poco a poco he ido mejorando y he aprendido a llevar el frío sin dramatizar tanto, pero es cierto que en invierno sigo siendo una marmota; salgo a la calle lo justo y lo necesario para no morir de congelación. Sin embargo, cuando estoy de viaje, no me fijo para nada en si hace frío o no, me centro sólo en disfrutar. Ojalá pudiera comportarme así en mi día a día jajaja

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9. Hacer la maleta

Ya son demasiadas maletas hechas durante estos años y con el tiempo he ido aprendiendo a meter en ella únicamente lo imprescindible. Casi nunca facturo equipaje (a no ser que sean viajes que duren mucho tiempo) así que me las arreglo para meter en una maleta de mano todo lo necesario para los días que estaré fuera. ¿Qué me gustaría llevarme un conjunto de ropa diferente para cada día del viaje? Por supuesto, pero para eso tendría que facturar y me niego a pagar por un maletón y encima tener que cargar con él.

10. Sacar buenas fotos

Por lo general no soy muy amante de sacar fotos en mi vida diaria pero cuando viajo me transformo en un aprendiz de fotógrafa que opta a publicar sus instantáneas en la National Geographic (vale, me he pasado, tampoco es para tanto la cosa 🙂 )

Y a ti ¿qué se te da bien hacer cuando viajas? ¿Eres de los que lleva la maleta a reventar y al final tiene que acabar facturando? ¿Te gusta planear los viajes o prefieres que otros lo hagan por ti? ¿Qué haces para no aburrirte durante los trayectos en avión? ¡Se admiten sugerencias anti-aburrimiento viajero! jajaja

¡Hasta la próxima! 😀

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Libertad
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Somos Jonás y Libertad, unos locos por los viajes que un día sintieron la necesidad de contar al mundo sus aventuras. Cuando no estamos viajando, lo más probable es que estemos planeando la siguiente escapada. Si eres de los que les gusta soñar despierto con recorrer mil y un lugares, ¡este es tu sitio!

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