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Roma en 4 días: qué ver y qué hacer en la capital de Italia.

Skyscanner y sus billetes de avión baratos fueron los culpables de este viaje. ¿Quién se resiste a conocer Roma costando 40€ el billete de avión? ¡Yo, por lo menos, no!

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Esta soy yo cada vez que encuentro billetes tirados de precio😂

Así que el año pasado, a finales de octubre, mi pareja y yo pisamos por primera vez territorio italiano y la ciudad elegida no podía ser otra que la bellísima Roma. La verdad es que no me explico por qué tardamos tanto en animarnos a conocer Italia. Siempre nos había llamado la atención y teniéndola tan cerquita… Después de pensarlo mucho, decidimos dedicar cuatro días completos a conocer Roma y uno de ellos reservarlo para las ciudades vecinas de Nápoles y Pompeya.

Desde el aeropuerto de Fiumicino al centro de Roma

Llegamos al aeropuerto de Fiumicino provenientes de Barcelona a las 9:30 de la mañana. Para llegar a la estación de Termini, en el centro de Roma, cogimos el tren Leonardo Express. Salen desde el aeropuerto de Fiumicino a Termini cada media hora y el trayecto dura 30 minutos. El billete es caro, unos 15€ por persona solo la ida. ¡Por poco pagamos más por el tren al centro que por el billete de avión! Hay opciones más baratas para llegar al centro de Termini, como el tren normal o el bus, pero hacen más paradas y el trayecto dura bastante más. Nosotros queríamos empezar a conocer Roma cuanto antes, por lo que decidimos que el tren express era lo mejor. Si finalmente te decides por esta opción, recuerda validar siempre el billete en las máquinas verdes situadas en el andén. El revisor pasa con muchísima frecuencia y si tienes billete pero no lo has validado, te cae una multa que te deja llorando durante todo el viaje jajaja

Una vez que llegamos a Termini, salimos de la estación de tren y buscamos la boca de metro de Termini, que está justo al lado. Para llegar a nuestro alojamiento solo tuvimos que hacer dos paradas con la línea A, la de color naranja, hasta la parada de Manzoni.

Alojamiento

Esta vez utilizamos la web Hostelbookers para reservar nuestro alojamiento, el Trinity B&B. Pagamos un total de 200€ por cuatro noches en una habitación doble con baño compartido y desayuno incluido. También hay habitaciones que tienen baño privado.

Cuando estuve buscando alojamientos céntricos en Roma, no encontraba nada que bajara de los 300-400€. Por eso, cuando finalmente descubrí este lugar, pensé que sería un cuchitril, de esos que te despiertas y tienes a una cucaracha durmiendo a tu lado y a otra dándose una ducha en el baño. Pero la verdad es que al final este B&B me sorprendió muy positivamente. Es un alojamiento modesto pero funciona a la perfección. La propietaria se llama Agapi y es una chica joven que habla muy bien inglés. Todos los días limpiaba la habitación y la dejaba impecable. Nuestra reserva incluía un baño compartido pero tuvimos la suerte de que durante esos días el hostal estuvo casi vacío y solo lo utilizábamos nosotros. Aun así, Agapi siempre lo mantenía reluciente. Todas las noches debíamos dejar un papel pegado en la puerta, indicando a qué hora queríamos que Agapi nos despertara para traernos el desayuno a la habitación. Y la verdad es que para haber pagado tan poco por el alojamiento, el desayuno no estaba nada mal: incluía zumo, café, bollería, mantequilla, mermelada…

Y la situación del hotel es inmejorable. Se encuentra en la calle Emanuele Filiberto, a diez minutos caminando del Coliseo y a dos minutos de una parada de metro (Manzoni).

Honestamente pienso que este B&B merece muchísimo la pena por el precio tan económico que tiene, su situación respecto al centro de Roma y la amabilidad del personal. Vamos, que si algún día vuelvo a Roma, me volvería a quedar allí sin ninguna duda. A no ser que de aquí a allá me haya ganado el Euromillón y me pueda permitir quedarme en la suite de un Hilton con todo incluido. En ese caso, creo que me quedaría con el Hilton.

Día 1 en Roma

Cuando dejamos nuestras maletas en el B&B, salimos corriendo a empezar a patear Roma. La dueña del Trinity nos dio un mapa perfecto para recorrernos a pie la ciudad y no perdernos a cada dos pasos. Por supuesto, nuestra primera parada no podía ser otra que el imponente Coliseo, símbolo indiscutible de Roma. Pero nos limitamos solo a verlo por fuera, ya que queríamos visitar el interior a la mañana siguiente.

A continuación, nos dirigimos al monte Palatino. Y aquí vamos a darte un pequeño consejo: nosotros compramos las entradas combinadas, que incluyen el acceso al Foro Romano, Palatino y Coliseo. Estas pueden comprarse en cualquiera de las tres atracciones pero mucha gente las compra en el Coliseo y por ello se forman colas interminables 😕 Por lo tanto, es mejor comprarlas en el Foro o en Palatino porque siempre vas a encontrar menos aglomeración de gente. Nosotros las compramos en Palatino sobre las 12 del mediodía y no tuvimos ni que hacer cola. Una vez que compras las entradas en el primer monumento que visitas, en los demás ya no hay que hacer cola, entras directamente.  La entrada combinada cuesta 12€ por persona, 7€ con la tarifa reducida. Cuando yo estuve, la entrada tenía una duración de 48 horas, por lo que no tienes que visitar las tres atracciones en un mismo día. Y menos mal, porque si así fuera acabaríamos reventados. Nosotros, por ejemplo, vimos Palatino y Foro el primer día y Coliseo el segundo día.

El monte Palatino es una de las siete colinas de Roma y, según la mitología romana, fue ahí donde la loba crió y amamantó a los gemelos Rómulo y Remo, fundadores de la ciudad. Años más tarde, los ciudadanos de clase alta de Roma comenzaron a habitar el monte Palatino y a construir en él suntuosos palacios. En la actualidad, podemos pasear por las ruinas al aire libre de Palatino y (con mucha imaginación) hacernos una idea de cómo vivían las clases altas de aquella época.

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Seguidamente continuamos avanzando y llegamos al Foro Romano. Este lugar destaca por ser el corazón de la antigua Roma, donde se desarrollaban las vidas de los romanos de aquel entonces. A mí particularmente me gustó muchísimo este lugar, los edificios están muy bien conservados (no todos, algunos están destrozados casi por completo). Seguro que pensarán: “a esta chica se le va la pinza”, pero juro que me parecía como si hubiera dado un salto al pasado y estuviera paseando realmente por la antigua Roma. Como si de un momento a otro fueran aparecer personas vestidas con togas blancas, hablando en latín antiguo. ¡Ains, qué bonito todo! Yo es que soy muy flipadita del mundo clásico y con cualquier cosa me vengo arriba rápido 🙂

foro romano roma italia

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Por la tarde, una vez que ya habíamos almorzado, nos acercamos a contemplar el monumento a Vittorio Emanuele, o como lo llaman los italianos de forma un tanto despectiva, “la máquina de coser”. Se encuentra en la Piazza Venecia y se inauguró en el año 1911 para homenajear al monarca italiano Vittorio Emanuele (Victor Manuel en español y Vitolo pa’ los amigos). Antes de visitarlo había leído en internet que los ciudadanos de Roma no estaban nada contentos con este monumento, puesto que su edificación había supuesto un desembolso de dinero descomunal y, además, muchos opinaban que no “pegaba” nada con los edificios clásicos presentes en toda Roma. A nosotros la verdad es que el edificio nos encantó; impone muchísimo, tanto por su tamaño como por el mármol blanco de su fachada y las gigantescas columnas. El exterior nos pareció precioso y el interior es muy bonito también. La entrada es gratuita y las vistas que se tienen de la ciudad desde arriba merecen mucho la pena.

Aunque tengo que coincidir con los italianos en que no pega nada con el estilo arquitectónico de la ciudad y seguro que construirlo no costó dos duros. Pero vamos, que es una maravilla de lugar y no me extraña que esté siempre a reventar de turistas.

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Cuando cayó la noche, estábamos exhaustos. De camino al B&B pasamos por el Coliseo y disfrutamos de su vista nocturna. Yo diría que iluminado es incluso más bonito que a la luz del día. Compramos unos sandwiches para llevar y nos fuimos a descansar. ¡Mañana más y mejor!

Día 2 en Roma

Ese día madrugamos mucho (para variar), tomamos el desayuno en la habitación y nos fuimos directos al Coliseo cuando aún no había ni abierto. La cola que ya se había formado era considerable pero nosotros teníamos las entradas compradas del día anterior y no tuvimos que hacerla. Buen, hay otra “cola” para las personas que ya tenemos las entradas, pero una vez que abren entramos directamente. Fuimos tan temprano que éramos los primeros de nuestra cola, así que una vez que abrieron las puertas, mi novio y yo entramos y fuimos directos al segundo piso del Coliseo, que es desde donde se obtienen las vistas más bonitas (o por lo menos, esa es mi opinión). Fue increíble, porque durante unos minutos estuvimos completamente solos dentro del Coliseo y fue un momento muy especial. Normalmente el Coliseo está repleto de gente y fuimos unos afortunados por poder verlo a solas, aunque solo fuera unos minutos.

coliseo roma italia

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Después de pasear por todo el segundo piso, y ya cuando el recinto empezó a llenarse de miles de japoneses haciendo fotos como si se les fuera la vida en ello, decidimos pasar a ver el pequeño museo que hay en la zona interior y, más tarde, bajar al primer piso.

La visita al Coliseo, una de las siete maravillas del mundo moderno, no defrauda para nada. El emperador Vespasiano comenzó la construcción de este impresionante edificio en el año 71 d.C. y la inauguración tuvo lugar en el año 80. También conocido como Anfiteatro Flavio, en él se celebraban los sangrientos espectáculos que hacían las delicias de los emperadores y del pueblo romano, como eran las célebres luchas de gladiadores. Hasta el siglo XX, no existía ningún edificio que superara en capacidad al Coliseo, el cual podía llegar a albergar en su interior a más de 50.000 personas. Los espectadores se distribuían en los palcos según su clase social, cuanto más cerca estaban de la arena, mayor rango poseían. Justo debajo de la arena se encontraban los sótanos subterráneos donde guardaban a los animales y a los esclavos que iban a formar parte del espectáculo. Hoy día esos sótanos se encuentran al descubierto y son perfectamente visibles desde arriba.

En un auténtico milagro que el Coliseo siga en pie en la actualidad, después de haber soportado el paso de los siglos, los saqueos, las inclemencias del tiempo (ha sufrido cuatro terremotos) y los incendios. Pero sí, ahí sigue, para disfrute y goce de todos los que lo visitamos. ¡Y espero que por muchos años más!

Después de salir del Coliseo, nos acercamos a Piazza di Spagna (Plaza España), desde donde se suponía que saldría nuestro tour a pie guiado por la ciudad. Pero hubo un malentendido con el tema de la hora (mea culpa) y al final nos quedamos sin tour. Bueno, ¡otra vez será!

Ya que estábamos en Piazza di Spagna, dimos una vuelta por ella. Por cierto, esta plaza recibe ese nombre porque la embajada de España se encuentra en ella. Yo había visto antes del viaje fotos de este lugar y me parecía precioso, sobre todo la zona de la escalinata, con la iglesia y el obelisco en la cima. Pero cuando nos tocó a nosotros el momento de verla… plof. La iglesia y la mayor parte de la zona superior de la escalinata estaban en obras, así que no se podía ver prácticamente nada.

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Entonces, para ahogar las penas, nos fuimos de compras por la Via Condotti, que está al lado de Piazza di Spagna y es la calle con las tiendas más lujosas de toda Roma. Y así, entre bolsos de Gucci, vestidos de Versace y zapatos de Dolce&Gabanna, se nos fue toda la mañana.

Venga, y ahora contaré la verdad. Después de la decepción de no ver Piazza di Spagna en todo su esplendor, decidimos ir a sufrir un poco más a la Via Condotti. Una vez allí, pegamos nuestras caritas a los cristales de las tiendas de lujo, con expresión de perrito triste, a ver si algún ricachón buena gente que estaba comprando dentro se compadecía de nosotros y nos regalaba al menos la caja de cartón de sus zapatos de Dolce&Gabanna. Pero no, aquí tampoco hubo suerte. Hay que ver lo insensibles que son estos millonarios.

Y como dicen que a perro flaco todo son pulgas, en nuestra siguiente parada sufrimos una decepción aún mayor que la de Piazza di Spagna. Allá íbamos nosotros, pobres pero felices, dispuestos a contemplar por primera vez la hiper famosísima Fontana di Trevi. Cuando llegamos al lugar y contemplamos la escena, nuestra reacción fue la misma:

“Oh, mier…!”

¡¡Sí, la Fontana di Trevi también estaba en obras!! Entre miles de andamios, prácticamente no se podía ver la fuente. Depresión absoluta 🙁 Entiendo que los monumentos necesitan restauraciones pero… ¿¿tenían que realizarse todas justo cuando nosotros visitábamos la ciudad?? Y yo que ya me había imaginado a mí misma con un vestido largo negro, metida dentro de la Fontana di Trevi, como Anita Ekberg en Dolce Vita. Pero al final, mi gozo en un pozo; me guardé en la mochila mi vestido de gala negro y con la cabeza bien alta seguimos paseando por Roma como si nada hubiera pasado.

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El siguiente monumento que vimos fue el Panteón de Agripa, el que dicen que es el edificio mejor conservado de la antigua Roma. Esta obra maestra fue construida en el siglo 126 d.C., aunque antes de él hubo otro Panteón mucho más antiguo que fue destruido por un incendio en el año 80 d.C. Si cursaron Historia del Arte en el instituto, seguro que se acuerdan de haber estudiado este edificio, yo por lo menos lo recuerdo perfectamente.

El Panteón, que en su origen fue un templo dedicado al culto de todos los dioses romanos, pasó a ser la iglesia de Santa María de los Mártires, cuando un emperador bizantino regaló el edificio al papa Bonifacio IV. Esa es la razón principal de que su estado de conservación sea tan bueno. En la actualidad, en su interior se encuentran enterrados italianos célebres como el rey del país Vittorio Emanuele II o el pintor renacentista Rafael. La entrada al templo es completamente gratuita.

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Después de la obligatoria parada para almorzar unas pizzas italianas y recargar fuerzas, nuestro siguiente destino era Piazza Navona, sin duda alguna, la plaza más espectacular de toda Roma. Es inmensa, y tiene una forma rectangular alargada bastante curiosa.

Las principales atracciones de la plaza son la Fuente de los Cuatro Ríos, del escultor italiano Bernini, y la iglesia Santa Agnese in Agone, diseñada por el arquitecto suizo-italiano Borromini. En el centro de la fuente se alza un obelisco egipcio. Antes de viajar a Roma, leí en internet que existe una leyenda urbana que afirma que Bernini y Borromini se llevaban fatal. Bernini opinaba que la fachada de la iglesia que había diseñado Borromini estaba torcida, inclinada hacia adelante. Por eso, una de las figuras de la Fuente de los Cuatro Ríos diseñada por Bernini, mira hacia la iglesia y alza la mano para protegerse, como si la fachada del edificio se le estuviera cayendo encima. Hay que reconocer que, si la leyenda en cierta (que lo dudo), Bernini se burló de Borromini de una forma muy elegante. Además de la gran fuente de Bernini, a cada lado de la plaza se sitúan dos fuentes menores diseñadas por Giancomo della Porta.

Pasear por esta plaza o simplemente sentarse en un banco a ver la vida pasar, es una delicia. Siempre hay un ambiente muy animado en ella, con cafeterías alrededor y artistas callejeros en cada esquina.

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Ese día decidimos que cenaríamos en el Trastevere, el barrio más romántico de toda Roma. Así que nos fuimos al B&B y nos preparamos para salir. Recomiendo de verdad a todo el que viaje a Roma en pareja que vayan a cenar juntos una noche al Trastevere. No tiene nada que ver con la imagen que da el barrio de día, de noche es mucho más bonito y acogedor. Las callejuelas empedradas e iluminadas se llenan de gente paseando. Los restaurantes iluminan sus terrazas y colocan en las mesas flores y los típicos manteles de cuadros rojos y blancos. Los músicos callejeros ponen el toque perfecto, ya sea tocando el violín o el saxofón. Al final, la comida es lo de menos. Suena a ñoñería total, lo sé, pero seguro que a las parejas les encantará 😉

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Día 3 en Roma

Ese día volvimos a madrugar, a pesar de que ya empezábamos a sentirnos bastante cansados de caminar tanto. Desayunamos tranquilamente y nos fuimos a conocer la Piazza del Popolo (Plaza del Pueblo). Es un recinto enorme y el centro de la plaza está presidido por un obelisco egipcio. Al fondo destacan las iglesias gemelas, la Porta del Popolo y la Iglesia de Santa María del Popolo, cuyo interior alberga dos obras del pintor Caravaggio. Desde esta plaza nacen las tres calles que forman el llamado tridente:  Via del Babuino, Via di Ripetta y Via del Corso.

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Y desde aquí, seguimos caminando hasta llegar al Castillo de Sant’Angelo. Se trata de una fortaleza situada a orillas del río Tíber y construida en el año 139. Dentro del castillo hay un museo, pero nosotros no teníamos nada de interés en visitar el interior y nos limitamos solo a contemplarlo por fuera. Para poder acceder al museo hay que pagar entrada: 10,50€ la entrada normal y 7,50 la reducida. El horario es de martes a domingo de 9:00 de la mañana a 19:30 de la tarde.

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Cerquísima del Castillo, se encuentra el mismísimo Vaticano. Ir a Roma y perderse la visita a esta ciudad/estado es imperdonable, independientemente de si somos creyentes o no, simpatizantes con la Iglesia o no.

Nosotros aprovechamos que se acercaba la hora del mediodía para ir a la Plaza de San Pedro y comenzar a hacer la cola para entrar en la Basílica. A pesar de que no era temporada alta y de que fuimos en un momento supuestamente bueno para evitar multitudes, tuvimos que esperar más de una hora en cola para poder entrar en la Basílica de San Pedro. Tampoco podemos quejarnos mucho, si tenemos en cuenta que la gente espera hasta colas de dos y tres horas. Es obligatorio entrar con pantalón largo y con los hombros tapados, un detalle que debemos tener en cuenta. En invierno (del 1 de octubre al 31 de marzo) el horario de apertura es de 7:00 a 18:30; y en verano (del 1 de abril al 30 de septiembre) de 7:00 a 19:00.

El interior de la Basílica, con capacidad para albergar a 20.000 personas, es imponente, nos dejó completamente sin palabras. Personalmente, yo tenía muchas ganas de visitarla sobre todo para ver La Piedad de Miguel Ángel que se encuentra en el interior del templo. La entrada a la Basílica de San Pedro es gratuita pero yo recomiendo subir a la cúpula. Las vistas desde arriba son increíbles, aunque hay que subir una escalera muy estrecha que cuenta con unos 550 escalones, ¡casi nada! Si decides subir todos los escalones a pie, la entrada cuesta 5€ y si prefieres hacer mitad del trayecto a pie y mitad en ascensor, el precio es de 7€.

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Y que decir de la Plaza de San Pedro… es una absoluta maravilla. Diseñada por Bernini, de estructura circular y con un total de 284 columnas y 140 estatuas de santos que reposan sobre las columnas. En el centro de la plaza, un obelisco egipcio del año 1586 y dos fuentes, una de Bernini y otra de Maderno.

Entre la visita a la Plaza de San Pedro, la entrada a la Basílica y la subida a la cúpula, cuando nos dimos cuenta ya eran las dos de la tarde y estábamos muertos de hambre. Así que salimos corriendo a buscar un lugar para comer, ya que por la tarde teníamos planeado visitar los Museos Vaticanos.

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En la visita a los Museos Vaticanos pecamos de tontos. Compramos las entradas para los museos dentro de la Basílica y pagamos un suplemento para entrar sin hacer cola, porque la chica nos comentó que seguramente habría una cola enorme y bla, bla, bla. La creímos como tontos, porque cuando llegamos a los museos, sobre las tres de la tarde, NO había nadie en la cola. Qué sensación más agradable es esa de sentir que has pagado para nada jajaja.

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La verdad es que las entradas a los Museos Vaticanos se pueden comprar previamente a través de la página web, donde además pueden consultar los horarios y los días de cierre. La página en español es: http://www.museivaticani.va/4_ES/pages/MV_Home.html. Yo siempre suelo enterarme de estas cosas pero no sé por qué, cuando planeé el viaje a Roma, no caí en la cuenta con este detalle y en su momento decidí que las compraríamos una vez estando allí. ERROR, porque por lo general sí suele haber una cola kilométrica, a no ser que vayas como nosotros, a última hora, y ya no haya nadie esperando para entrar. Por supuesto, la chica que nos vendió las entradas sabía esto y aún así nos engañó como a bobos.

En la página web pone toda la información referente a los museos pero ya le adelanto que la entrada normal cuesta nada menos que 16 eurazos. Yo tenía claro que iba a entrar porque me encanta ver museos y no podía perderme contemplar la Capilla Sixtina. Pero hay mucha gente que paga por entrar y luego se aburren como ostras, porque simplemente no les gusta el arte. Ese es un aspecto muy a tener en cuenta. Si no te atrae el arte ni eres asiduo a visitar museos, entonces mejor ahorrarse el dinero

En nuestro caso, nosotros lo disfrutamos mucho, también porque llevábamos la audioguía y así nos podíamos enterar mejor de todo. La Capilla Sixtina nos dejó sin palabras. Eso sí, al final del recorrido ya estábamos exhaustos y, muy a mi pesar, tuvimos que dejar salas sin visitar porque los pies nos ardían.

museos vaticano roma italiaDía 4 en Roma

Nuestro último día en Roma nos lo tomamos de relax absoluto. Estábamos muy cansados de madrugar y, sobre todo, de ir caminando a todos lados. Aún nos quedaban cosas por ver, pero no estábamos dispuestos a pasar nuestro último día corriendo de un lado para otro, así que nos dedicamos a pasear y, simplemente, a disfrutar de la ciudad. Cada rincón de Roma es una obra de arte, da gusto perderse por sus calles. Durante el día, recorrimos el barrio del Trastevere por una última vez; paseamos cerca del río; nos sentamos a comer helados enfrente del Coliseo; hicimos las últimas fotos; almorzamos y, cuando nos dimos cuenta, ya era hora de volver al B&B a coger nuestras maletas para irnos al aeropuerto.

Nos quedaron muchas cosas por ver, como las Termas de Caracalla o la Bocca della Verità (Boca de la Verdad). La verdad es que fue un viaje muy calmado, en el que preferimos ir a nuestro ritmo, sin estrés, disfrutando y saboreando cada lugar que visitábamos. Además, como dicen los italianos, Roma es tan grande y tiene tanto que ofrecer, que para conocerla “non basta una vita“. En nuestro caso, además, se suma el hecho de que no haber podido contemplar la Fontana di Trevi nos dejó un mal sabor de boca, aunque esta siempre será la excusa perfecta para volver a pisar Roma y disfrutar de ella en un futuro.

Recomendaciones

– Creo que es indispensable visitar el Foro Romano y el Palatino acompañados de un guía que te de toda la información necesaria para admirar estos lugares de la forma que se merecen. Además, el tour a pie por Roma pienso que es otra actividad obligatoria, a pesar de que nosotros al final no pudimos hacerla. Hay bastantes agencias en internet que ofrecen dichos tours “gratuitos” y seguro que merecen muchísimo la pena.

– A Roma se va a caminar, caminar y caminar. A pesar de que hay metro, las paradas que este realiza dentro del centro de la ciudad son muy limitadas, por lo que la única forma de desplazarse por ella es a pie. Cada rincón de Roma merece la pena, y descubrirlos caminando en la mejor manera de hacerlo.

– Si te gusta comer tanto como a nosotros, Italia es tu país. La pasta, las pizzas, los helados, las piadinas, las lasañas… En mi caso, yo soy completamente adicta a los helados y cuando la gente me decía: “Verás los helados italianos, vas a flipar con lo que ricos están”; yo siempre pensaba que exageraban. Pues no, la equivocada era yo. Los helados en Roma eran tan cremosos que no puedo explicar el placer que se siente al comerlos, es una sensación de otro mundo. Desde que probé los helados italianos de verdad (no los que venden en las heladerías “italianas” en España) siempre que como helado lo comparo con los que probé en Roma y no hay color. Dentro de poco volvemos a pisar Italia y, solo pensar en los helados que me voy a comer, ya me vuelvo loca.

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– En Roma el tráfico es de locos, pero si eres atrevido te recomiendo alquilar una Vespa. Las hay por todas partes y alguna de ellas son sencillamente preciosas. Nosotros no las alquilamos porque no caímos en la cuenta hasta el ultimo día y ya no nos daba tiempo, pero si en un futuro vuelvo a Roma, alquilar una Vespa y recorrer la ciudad montada en ella es una de mis prioridades.

– El restaurante que más nos gustó de Roma (tanto que fuimos a almorzar dos veces) fue el Carlo Menta, en el barrio del Trastevere. Obviamente existirán restaurantes mucho mejores que este en la ciudad, pero seguro que no a un precio tan bueno. Tanto la lasaña, como los platos de pasta y las pizzas estaban riquísimos y nunca pagamos más de 25€ los dos. ¡Super barato! La única pega es que las mesas están muy pegadas las unas a las otras y casi sientes que estás comiendo con los desconocidos de al lado, pero bueno, el precio y la comida lo compensan. Si lo que estás buscando es un restaurante romántico para cenar en pareja, hay miles mejores que este por el Trastevere (aunque son más caros). El Carlo Menta es ideal para hacer una parada, almorzar y seguir conociendo Roma.

– Los lunes son los días en los que cierran muchos de los museos y atracciones de la ciudad.

– A la hora de montar en tren, metro o simplemente moverte por la ciudad, ten cuidado con tus objetos personales porque hay muchísimos carteristas. Una cosa que me llamó a la atención es que en los andenes de las estaciones, unas mujeres se ponen allí para supuestamente “ayudar” al turista, recordándole que valide el billete antes de subirse al tren. Pero como te despistes, en lugar de ayudarte te pedirán dinero o, directamente, intentarán robarte sin que te des cuenta.

– Hay zonas en Roma que de noche es mejor evitar, como pueden ser los alrededores de Termini. No creo que haya que tener miedo ni que sean zonas peligrosas, pero si es cierto que más vale prevenir que curar.

¡Y esto es todo! Sin duda alguna, la capital italiana es una ciudad que merece la fama que tiene porque pocas ciudades europeas pueden presumir de ser tan bellas como Roma.

Si tienes alguna pregunta, no dudes en preguntarme. ¡Hasta la próxima! 😀

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