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Mi viaje a Marrakech. Parte 1 (1/3)

Marrakech es el caos de su Medina. El sabor del té verde con hierbabuena. El bullicio de la plaza Jmaa el Fna. El olor de las especias. El islam y los rezos desde el minarete de la mezquita. Los tatuajes de henna. La magia de los riads. Marrakech es belleza, belleza exótica y desordenada.

Desde que pisamos por primera vez esa ciudad marroquí, no pensamos en otra cosa que en volver a disfrutar de la esencia del país. ¡Espero que ese momento no tarde mucho en llegar porque la verdad es que me muero de ganas!

Marrakech: o lo amas o lo odias, no hay término medio. Esta frase me la soltó un amigo pocos días antes de mi viaje a la ciudad marroquí. Él me contó que no le había gustado nada, que era una ciudad muy sucia y que, seguramente, por mi forma de ser, a mí tampoco me gustaría. Cada vez que me metía en blogs de viajes para recabar información sobre Marrakech, leía a viajeros que hablaban maravillas de la ciudad, y a otros que, por el contrario, habían vuelto decepcionados. Ya no sabía ni que pensar. Parecía cierto eso de que toda persona que visita Marrakech vuelve enamorado de ella u odiándola para siempre. Afortunadamente, yo fui de las que se dejó atrapar por la magia de la ciudad, una magia que quizás no resulte tan evidente para otras personas en un primer momento.

Si estás pensando en visitar Marrakech o Marruecos en general, te sugiero solo una cosa: viaja con la mente abierta. No debemos olvidar que Marruecos es África y ese continente, sus gentes y sus costumbres no tienen nada que ver con las de los europeos. Aunque Marrakech sea muy conocida turísticamente, no deja de ser una ciudad peculiar, que conserva sus tradiciones lo mejor que puede y cuyos habitantes llevan un ritmo de vida completamente diferente al nuestro. Si dejas los prejuicios en la entrada del avión, estoy segura de que acabarás prendado de la ciudad, de su colorido, olores y sabores y, sobre todo, de la sonrisa de sus habitantes.

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Cuánto tiempo para conocer Marrakech

Esta es una pregunta que yo misma me hice muchas veces antes de comprar los billetes y me costó bastante dar con la solución. Nosotros estuvimos en Marrakech 7 días completos, pero creo que lo ideal sería disponer de unos 8 o 9 días para conocer Marrakech y sus alrededores de la mejor forma posible. Quizás pienses que es demasiado tiempo, pero yo te aseguro que no lo es.

Solo la ciudad de Marrakech merece que le dediques 4 días (3 como mínimo). A pesar de que la Medina no es muy grande, Marrakech posee muchas más cosas dignas de ver de lo que parece en un primer momento (en el siguiente post hablaré de ello más detenidamente). Además, Marrakech no es una destino cualquiera; es una ciudad viva, en continuo movimiento, que no puede ser visitada de forma rápida y superflua. Créeme si te digo que Marrakech hay que vivirla y sentirla a partes iguales. Es de esas ciudades donde sentarte en la terraza de una cafetería y observar la vida pasar es una actividad obligatoria. Como nos dijeron muchos marroquís: la prisa mata, amigo. Y ellos no tienen prisa nunca, se toman la vida con calma. Y eso es lo que debería hacer también el turista: disfrutar de la ciudad tranquilamente, saboreándola poco a poco, sorbo a sorbo. Hay personas que viajan a Marruecos y están tan ansiosos por conocer el desierto o hacer otro tipo de actividades, que no le dedican a Marrakech el tiempo que se merece, y sinceramente creo que eso es un error.

Si queremos visitar el Sahara, deberemos añadir 3 días más a nuestro viaje. Para nosotros fue una experiencia preciosa e inolvidable. Aún hoy recuerdo contemplar el amanecer entre las dunas, montada a lomos de un dromedario, y se me ponen los pelos de punta. En el siguiente post les contaré con pelos y señales cómo estuve a punto de morir por subirme a una dromedario que estaba mal de la cabeza nuestra experiencia con la excursión al desierto de Merzouga.

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Y por último, sería ideal disponer de 1 día más (o 2, si queremos pasar la noche allí) para visitar el pueblito costero de Essaouira. Nosotros no pudimos visitarlo porque no teníamos tiempo y, entre ver el desierto o visitar Essaouira, por supuestísimo que escogimos el desierto. Sin embargo, nos quedamos con las ganas de conocer esta ciudad de la costa norteafricana, característica por su muralla medieval y sus casitas pintadas de blanco y azul. Lo bueno de visitar Essaouira es que no hay que hacerlo con una agencia; tú mismo puedes llegar a ella mediante los buses que salen desde la estación de Marrakech, o alquilando un grand taxi (aunque esto es bastante más caro). Creo que el trayecto dura unas tres horas, pero desconozco precios y demás porque nosotros no pudimos visitarla 🙁

¡Casi se me olvida! Otra excursión muy famosa (aunque no tanto como las anteriores) es la de las Cascadas de Ouzoud. Yo a esta tampoco fui, pero he visto fotos de amigas que han ido a verlas, ¡y se ven preciosas! Para visitarlas basta con disponer de 1 día más y debes contratar la excursión con una agencia. En Marrakech hay miles de agencias que organizan este tipo de excursiones, solo hay que mirar una por una, comparar precios y decidir cuál se adapta más a tus necesidades (y a tu bolsillo).

Datos que debes saber antes de viajar a Marruecos

  • La moneda oficial del país es el dirham marroquí (MAD). 1€ equivale a unos 10 MAD. Nosotros llevábamos nuestro dinero en euros y, cuando llegamos al aeropuerto de Marrakech, cambiamos unas pocas monedas por dirhams, para no tener que pagar el bus a la Medina con euros. El resto del dinero lo cambiamos en las tiendas de cambio de divisa que hay en el centro de Marrakech, ya sea dentro de la Medina (por la zona de Jmaa el Fna) o en el Barrio Nuevo.
  • En Marruecos coexisten dos idiomas oficiales: el árabe y el francés. No obstante, los marroquís que están acostumbrados a tratar con el turismo son perfectamente capaces de hablar también inglés, español e incluso alemán sin ningún problema.
  • El clima en Marrakech suele ser cálido durante todo el año, a excepción de los meses de enero y febrero, en los cuales refresca un poco y suelen producirse abundantes precipitaciones. Nosotros fuimos a finales de marzo y ya hacía muchísimo calor durante el día. Por la noche refrescaba un poquito pero con llevar un chaqueta fina ya era suficiente. Nada que ver con el frío que estábamos sufriendo en ese momento en Barcelona. Si buscas escapar del tiempo gélido durante el invierno, Marrakech es el lugar ideal. Eso sí, en verano tiene que ser muy difícil aguantar las altísimas temperaturas.
  • Marrakech está dividida en dos zonas: la Medina, que es la zona antigua; y la Ville Nouvelle, que es la zona nueva. La mayoría de los turistas se alojan dentro de la Medina, que es donde se palpa el verdadero espíritu de Marrakech. No obstante, en la zona nueva también hay cosas muy interesantes que ver.

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  • La religión oficial del país es el Islam, por lo tanto el día sagrado de la semana es el viernes, en lugar del domingo. Los musulmanes rezan en dirección a la Meca cinco veces al día; el horario exacto de las oraciones varía según la estación del año. Por lo general, los musulmanes rezan al alba, al mediodía, por la tarde, durante la puesta de sol y por la noche. Las oraciones más importantes de la semana son las del viernes al mediodía. Cuando es la hora de rezar, desde los altavoces situados en el minarete de la mezquita, el almuédano llama a los fieles a la oración y es un momento precioso. Marruecos es uno de los pocos países árabes que prohíbe la entrada de los no-musulmanes a las mezquitas. Es una pena, porque el interior del templo debe de ser una maravilla.
  • La gastronomía marroquí es deliciosa. Entre los platos que debes probar sí o sí durante tu visita al país se encuentran:

La ensalada marroquí: verás que en todos los restaurantes la ofrecen como primer plato y, en realidad, no deja de ser una ensalada de pepino, pimiento, tomate y cebolla. La cuestión es que algún ingrediente secreto tiene que tener porque todas las que probamos estaban riquísimas.

El cuscús: este famosísimo plato de la gastronomía norteafricana es una delicia. Lo sirven con carne y verduras o solo con verduras y yo no había día que no almorzara o cenara un buen plato de cuscús. Hasta lo llegamos a comer con las manos, fue super divertido jajaja

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El tajín: es un guiso que se cocina en una fuente de barro y generalmente está compuesto de carne o pescado como ingrediente principal, y ya luego le añaden ingredientes variados según el tipo de tajín que escojas. Yo solo los probaba porque no me gusta comer carne pero a mi carnívoro novio le encantaban. Mientras yo me atiborraba a cuscús de verduras, él no había día en el que no se comiera un buen tajín. Sus preferidos eran el tajín kefta, que consistía en una carne en forma de albóndigas, servidas con salsa de tomate y huevo frito; y el tajín de cordero con cebolla y almendras.

El té verde: todos los rincones de Marrakech huelen al omnipresente té verde con hierbabuena. Es una bebida que los marroquís beben a todas horas, y siempre la consumen bien cargada de azúcar. Yo soy adicta a los tés, así que mientras estuve en Marrakech consumí té verde en cantidades industriales, ¡riquísimo!. Hasta mi novio, que odia los tés, acabó enganchándose. ¡Es un vicio!

La pastela marroquí (también llamada pastilla o bastilla): este es el plato más rico del mundo, en serio. Si das con un lugar donde la sepan preparar bien, vas a flipar con el sabor de la pastela. Se puede comer de entrante o como plato principal y consiste en un hojaldre con forma de pastel y relleno de carne desmenuzada (suele ser pichón), cebolla y nueces. Por encima la espolvorean con canela. Cuando probé por primera vez la pastela le dije a mi novio: yo cojo solo un pedacito para probarla. Sí, un pedacito. Casi acabo con la pastela yo sola. Al carajo mis tendencias vegetarianas, la pastela me conquistó y desde entonces se convirtió en un habitual en nuestra mesa durante los días que pasamos en Marrakech jajaja

Los dulces árabes: los verás a la venta en casi cualquier rincón de Marrakech, y los restaurantes los suelen incluir en su menú de postres. Suelen ser dulces pequeñitos y fritos, que contienen frutos secos. Estaban buenos, no puedo decir lo contrario, pero yo soy más de chocolate y soy incapaz de concebir un postre que no lleve chocolate así que tampoco me fascinaron.

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Las creps marroquís: en los alrededores de la plaza Jmaa el Fna, verás restaurantes que tienen un espacio dando a la calle destinado a hacer creps. Allí se pone un señor, con su plancha, haciendo creps todo el día y colocándolas sobre un papel. El primer día que lo vimos no nos llamó la atención, pensamos que serían unas creps normales y corrientes. Hasta que un día nos sirvieron esas creps en el desayuno del hotel. Estaban tan ricas que acabo robándole las suyas a Jonás. Y claro, ese mismo día, después de almorzar, fuimos en busca de unos de esos restaurantes donde hacían las creps, porque yo tenía que comerme una de postre y comprobar si eran las mismas que nos habían servido en el desayuno. No recuerdo si me costó 1MAD (1€) o incluso menos, y me dieron una crep gigantesca, enrollada en un papelito. ¡Por todos los dioses del Olimpo, que cosa más buena! Yo no sé que ingredientes usarán los marroquís para elaborar la masa de las creps, pero estas no tienen nada que ver con las que comemos nosotros en España. Las creps marroquís son más gorditas, de un color más amarillo, y muchísimo más deliciosas. De hecho, no me hizo falta ni decirle al señor que me bañara la crep en Nutella, porque así sola ya estaba riquísima. Y para que yo diga que prefiero comerme algo sin ponerle Nutella, ¡ya tiene que estar rico!

Algunos aspectos que debes saber antes de viajar a Marrakech

– Si eres chica y piensas vestir ropa corta o de verano durante tu estancia en Marruecos, asume que los hombres van a mirar. Y van a mirar mucho. En mi caso yo llevé ropa de verano (y menos mal, porque el calor que pasamos fue horrible), y alguna que otra vez me sentí incómoda al sentirme objeto de tantas miradas. Si lo pensamos fríamente, es normal, ya que no están tan acostumbrados como nosotros a ver piernas al aire y no pueden evitar mirar. Y eso que hay mucho turismo en la ciudad y supongo que cada vez más se habrán ido acostumbrando a ver a las mujeres vestidas así. En ningún momento se pasaron de la raya ni intentaron nada, únicamente se quedaban mirando sin cortarse un pelo. Si no quieres que te pase eso, mejor llevar prendas largas. Si yo lo hubiera sabido habría llevado ropa corta igual (porque me niego a pasar calor) pero también habría metido en la maleta algún pantaloncito largo de tela fina o algo así.

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– No te extrañes si ves a gente comiendo con las manos porque es algo normal; aunque tranquilo, también usan los cubiertos jajaja. En los puestos de la Medina verás la comida expuesta al aire libre, y lo más probable es que haya insectos revoloteando alrededor. No pasa nada, si ellos se la comían, nosotros también. No creo que nos vayamos a morir por eso, ¿no?. Allá donde fueres, haz lo que vieres.

– Dentro de la Medina de Marrakech tienes que estar en continua alerta, porque si te despistas puedes ser atropellado por una moto, un coche, una bici, un burro o un caballo. ¡Ah! Y como bajes la guardia, te verás pisando una caca de burro o de caballo y no te habrás ni enterado. Una vez que salgas fuera de la Medina, el tráfico es caótico; no existen los pasos de cebra así que los peatones debemos tener mucho cuidado.

– Si eres especial para los olores, asume desde ya que el abanico olfativo presente en las callejuelas de la Medina es de lo más variado. Algunos olores te dejarán en una nube y otros querrán hacerte vomitar, pero es lo que hay. Yo soy muy delicada con el olfato pero cuando viajo me vuelvo inmune a los malos olores porque no me queda otro remedio.

– Los marroquís intentarán sacarte dinero como puedan, ya sea vendiéndote algo o intentando hacerte alguna artimaña de las suyas. Es su forma de ganarse la vida y el turista que visita la ciudad tiene que estar prevenido sobre ello. Son todos unos expertos: solo con mirarte ya saben de qué país eres y se ponen a chapurrear en tu idioma, da igual que hables chino antiguo, ellos lo hablarán también. Pueden llegar a ser bastante pesados, intentarán que compres en sus tiendas o que les dejes guiarte a algún lado para después pedirte dinero. Normalmente basta con una sonrisa y un “no, gracias” para que te dejen tranquilo. No hace falta ser irrespetuoso ni maleducado, ellos siempre son muy agradables con el turista (exceptuando el insignificante detalle de que quieren vaciarte los bolsillos jajaja).

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– Cuando vayas a comprar a los zocos de Marrakech, regatea. Regatea sin parar. Los vendedores te ofrecerán un precio muy superior al valor real del objeto, y tu tienes que ofrecerles un precio muchísimo menor. Puedes llegar a comprar lo que deseas por un valor inferior al 70% respecto al precio inicial que te ofrecían. En ocasiones, intentarás regatear con ellos y se mostrarán muy indignados por el precio que tu estás dispuesto a pagar, y te dirán que no, que por ese precio no te venden nada. Y cuando salgas de la tienda dispuesto a irte, correrán detrás de ti aceptando tu oferta.

– Siempre que vayas a pagar por algún servicio, además de regatear, deja clarísimo el precio que estás dispuesto a pagar. Y si tienes el dinero exacto, mejor que mejor. Por ejemplo, más de una vez vimos a españoles discutiendo con las tatuadoras de henna que trabajan en la plaza Jmaa el Fna. Lo que suelen hacer es que acuerdan un precio contigo y cuando llega el momento de pagar, te exigen más dinero y, si no se los das, empiezan a dar voces. O también fijan un precio y, si no les das la cantidad exacta, fingen que no tienen cambio para así quedarse con más dinero. Esto pasa también con algunos taxistas y con otras personas que ofrecen sus servicios en Jmaa el Fna. Así que cuidadito, porque son unos fieras para los negocios y cuando te quieres dar cuenta ya te han desplumado jajaja.

Llegada a Marrakech

Aterrizamos en el aeropuerto de Marrakech-Menara provenientes del aeropuerto de Girona una calurosa mañana de finales de marzo. Otra vez Ryanair, con sus billetes tirados de precio, fue el causante de este viaje.

Una vez que sales de la terminal del aeropuerto, tienes dos opciones para llegar a tu hotel:

  1. En taxi. En Marrakech existen dos tipos de taxis: los petit taxis y los grand taxis. Los primeros, como su propio nombre indica, son taxis pequeñitos y viejos, cuya capacidad máxima es de cuatro personas incluyendo al conductor. Por fueran están pintados de un color crema, son extremadamente baratos y, por lo tanto, ideales para moverse dentro de Marrakech. Antes de subirte en un petit taxi debes pactar el precio con el conductor (no tienen taxímetro) y él siempre intentará sacarte mucho más dinero del que realmente corresponde. Pero si regateas, puedes moverte por el centro de Marrakech en petit taxi pagando 2 o 3€ como mucho.

Los grand taxis son vehículos más grandes y un poco más modernos. La mayoría de ellos son Mercedes de esos antiguos de los años 90 y también suelen estar pintando de color crema (aunque vimos algunos de color blanco). Tienen capacidad para cinco personas (conductor incluido) y suelen utilizarse para desplazamientos más largos, por lo que su precio es ligeramente superior a los petit taxis. También debes pactar con ellos el precio del trayecto, porque ya te digo que o no tienen taxímetro o se niegan a ponerlo.

La parada de taxis del aeropuerto de Menara está justo enfrente de la terminal. Dependiendo del número de personas que seáis, cogeréis el petit o el grand taxi. El precio en petit taxi para el trayecto desde el aeropuerto a la Medina/centro de Marrakech, ronda entre los 80 y 100 MAD (8-10€), un poco más caro si te montas en el grand taxi. No obstante, siempre puedes regatear con el conductor y tratar de conseguir un precio más bajo.

Por cierto, si coges un taxi (sea petit o grand) y en algún momento de trayecto se sube algún marroquí al vehículo estando tú dentro, no te extrañes. Es normal que los taxistas vayan recogiendo a sus paisanos si se los encuentran por el camino, les da igual que ya haya un turista dentro. A sus paisanos no les cobran por llevarlos, obviamente. La primera vez que nos pasó a nosotros nos quedamos en plan: ¿¿pero esto qué eeessss?? (voz de Mauricio Colmenero). Pero ya luego ves que para ellos es algo normal y lo hacen con frecuencia jajaja

  1. En autobús, que fue lo que hicimos nosotros. Cuando salimos de la terminal, justo enfrente se encontraba esperando el bus número 19 de la compañía Alsa City que nos llevaría a la parte antigua de la ciudad, la Medina de Marrakech. Creo recordar que el billete nos costó unos 30 MAD (3€) por persona, y en cuestión de 10-15 minutos ya estábamos en la Medina de Marrakech. Durante ese ratito que duró el trayecto, Jonás y yo comprobamos el absoluto caos de las carreteras marroquís. No hay señales de tráfico prácticamente y para circular impera la ley del más fuerte. No es extraño ver circulando a una mini moto en la que van montados cuatro personas (el padre, la madre, un niño pequeño y un bebé); u otra moto en la que van montados una pareja, el hombre conduciendo y la mujer sentada detrás de él y arrastrando por el asfalto el carrito ese de tela con el que vas al supermercado. En otra ocasión, vimos una moto en la que un joven transportaba un colchón de matrimonio que era más grande que la propia moto y que iba sin cuerdas ni nada, totalmente suelto, y encima se ocupaba el carril entero de lo grande que era. Vamos, lo normal  😎

Alojamiento en Marrakech

Siempre que alguien me comenta que va a viajar a Marrakech y que no sabe si hospedarse en un riad o en un hotel convencional, yo siempre respondo lo mismo: RIAD, y si puede ser uno que se encuentre dentro de la Medina, muchísimo mejor. Para los que no lo sepan, los riads son alojamientos típicos marroquís que se caracterizan por poseer un patio de luz alrededor del cual se distribuyen las habitaciones. Todos están decorados con motivos árabes. Si vas a viajar a Marruecos, alojarte en un riad es una experiencia obligatoria.

En Booking hay un montón de riads, y puedes comparar precios y escoger el que más te guste. Nosotros siempre reservamos en Booking, porque nos da mucha confianza. Si reservas tu riad o tu hotel desde este enlace, obtendrás 15€ de descuento 🙂

En nuestro caso, nos alojamos en uno llamado Riad al Tainam, situado en el mismo corazón de la Medina, a solo tres minutos caminando de la plaza Jmaa el Fna. Pagamos 200€ por 7 noches, con baño privado y desayuno incluido, super bien de precio. La verdad es que el trato que recibimos aquí fue impecable, nos hicieron sentir como en casa. El riad en sí no es un alojamiento de super lujo pero para nosotros fue más que suficiente. La habitación era enorme, el baño también y la decoración era tan marroquí que solo con eso nosotros estábamos encantados. Por el precio que pagamos, este riad merece muchísimo la pena.

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Un dato muy a tener en cuenta es lo que nos sucedió el primer día que llegamos a Marrakech, cuando estábamos intentando localizar nuestro riad para dejar allí las maletas. Lo cuento porque creo que es algo que no nos sucedió solo a nosotros y supongo que es mejor ir prevenidos.

Las calles dentro de la Medina son caóticas: o no tienen nombre o el nombre que aparece está escrito en árabe. Ante esta circunstancia, y teniendo en cuenta que la Medina es un laberinto (sobre todo para el recién llegado), Jonás y yo acabamos dando vueltas y vueltas por la Medina, tratando de localizar la calle de nuestro riad. Aquello era misión imposible. Durante nuestra búsqueda, un montón de personas intentaron ayudarnos, a cambio por supuesto de darles dinero. Yo ya había leído en internet que por lo general, si notan que estás perdido, los marroquís te ofrecen ayuda en plan colegueo, pero cuando llegas al destino que buscas no se cortan en pedirte dinero por haberte hecho “el favor”. En un principio, cada vez que se nos acercaba alguno a “ayudarnos”, nosotros nos negábamos. De hecho, más de una vez, si preguntábamos a algún tendero o a quien fuera por la dirección de nuestro riad, nos decían que estábamos yendo por el camino contrario, o que la calle por la que queríamos ir estaba cerrada, o mil mentiras más. Todo con tal de que acabes aceptando su ayuda. Nosotros intentamos localizar el riad por nuestra cuenta, pero después de varios minutos y muuuchas vueltas cargados con las maletas, decidimos abordar a un marroquí jovencito y llegar a un acuerdo con él. Le dijimos: si nos llevas al Riad al Tainam, te daremos X dirhams. Quisimos dejar las cosas claras desde un principio porque ya habíamos leído alguna que otra estafa respecto a este método. El chico aceptó sin pensárselo y empezó a caminar en busca de la dirección que le habíamos proporcionado. El muchacho caminaba delante de nosotros, pero bastante alejado, girándose a cada rato para comprobar si le seguíamos; esto lo hacen así porque si la policía los pilla haciendo eso con los turistas, los multan.

No me preguntes como sucedió, pero durante el corto trayecto a pie hasta nuestro riad, se sumaron al viaje tres chicos más, fingiendo que ellos también nos estaban guiando. Cuando por fin estábamos frente a la puerta de nuestro riad y Jonás fue a pagarle lo acordado al muchacho con el que habíamos hablado, los otros tres le tendieron la mano, exigiéndole que le pagara también a ellos. Por supuesto, nosotros les dijimos que solo íbamos a pagarle al chico con el que habíamos llegado a un acuerdo, que nosotros con ellos no habíamos cruzado ni una sola palabra y que por eso no pensábamos pagarles nada. Los chicos eran jóvenes y bastante delgaditos, pero como eran mayoría, hicieron el amago de intentar intimidar un poco a Jonás. Al final, él tuvo que gastarse carácter y los acabaron chicos desistiendo, por lo que la cosa no llegó a mayores.

Sin embargo, durante nuestro días en Marruecos conocimos a una pareja de españoles que les pasó lo mismo. La diferencia es que ellos no habían pactado nada con nadie, simplemente aceptaron la ayuda del primero que se ofreció a llevarlos a su riad. Cuando llegaron al riad, en lugar del muchacho del principio, eran tres o cuatro más, y también trataron de intimidar al chico. En el caso de esa parejita de españoles, los marroquís se salieron con la suya y acabaron sacándoles bastante dinero. Supongo que si eres un hombre y te ocurre eso, y encima te muestras débil o con miedo, ellos se vienen arriba e intentan presionarte para que les des dinero. Sinceramente no creo que sean peligrosos ni que en realidad estén dispuestos a agredir a nadie, pero si por intimidarte un poco consiguen dinero, pues no pierden nada por probar. Pero desde que se les muestra carácter, enseguida se relajan.

Dónde comer en Marrakech

Durante los 4 días enteros que pasamos en Marrakech, tuvimos tiempo de probar la comida de muchos restaurantes. De todos ellos, recomiendo los dos siguientes:

Oscar Progress. Situado a dos pasos de la plaza Jmaa el Fna, este pequeño y bullicioso restaurante sirve una comida exquisita y a precios inmejorables. El lugar está repleto de locales pero también de turistas y lo normal es que tengas que compartir mesa con unos desconocidos. Esto es algo habitual es algunos restaurantes de Marrakech; a nosotros no nos supuso ningún problema. La ensalada marroquí de este restaurante fue la mejor de todo el viaje. No hace falta decir que repetimos varias veces jajaja

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El segundo lugar que nos enamoró lo descubrimos por pura casualidad. Si estando en la plaza Jmaa el Fna te diriges hacia la entrada principal de los zocos, en unos de esos callejones escondidos de la Medina encontrarás este diminuto restaurante. Muy cerca hay una tienda de material deportivo, cuyo escaparate está repleto de playeras/zapatillas de deporte, todas colocadas en fila. Es una pena que me haya olvidado del nombre 🙁 He intentado buscarlo en TripAdvisor pero ni siquiera aparece allí; era un restaurante tan pequeñito y tan modesto que ya me esperaba que no hubiera ni rastro de él en Internet. Solo contaba con un par de mesas y sillas situadas en el exterior, en el mismo callejón. El servicio fue genial, todos eran chicos jóvenes. Y respecto a la comida… ¡increíble! Aquí fue donde comimos la mejor pastela de toda Marrakech (foto anterior).

Nosotros descubrimos este lugar en concreto, alejado del bullicio y de los turistas, pero estoy segura de que en Marrakech existen un montón de restaurantes “escondidos” que ofrecen verdaderas delicias típicas del país. Solo tienen que pasear y dejarse llevar por la intuición.

¡Aún me queda mucho más que contar acerca de Marrakech! Tienes la segunda parte de este post aquí.

¡Hasta la próxima! 😀

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Somos Jonás y Libertad, unos locos por los viajes que un día sintieron la necesidad de contar al mundo sus aventuras. Cuando no estamos viajando, lo más probable es que estemos planeando la siguiente escapada. Si eres de los que les gusta soñar despierto con recorrer mil y un lugares, ¡este es tu sitio!

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