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Mi viaje a Marrakech. Parte 2 (2/3)

Qué ver en Marrakech en 4 días

Plaza Jmaa el Fna

La primera parada de todo turista es el corazón de la Medina, la plaza Jmaa el Fna. En realidad, no deja de ser una plaza como cualquier otra, pero esta tiene un encanto especial. Por el día llegan los vendedores ambulantes y montan sus puestitos. Aquí verás un montón de carros de venta de naranjas, limones y pomelos, donde por 10 MAD (1€) te preparan un zumo natural de la fruta que elijas. También hay puestitos de dulces árabes o de souvenirs. Además, encontrarás a una serie de personajes, cada cual más llamativo, que hacen las delicias de turistas y locales: los encantadores de serpientes; los aguadores con sus sombreros coloridos y haciendo sonar las campanas; las tatuadoras de henna; los acróbatas; los músicos; las adivinas que te echan las cartas; o los domadores de monitos, que te piden dinero por sacarte fotos con los animalillos. Es un verdadero placer pasear por Jmaa el Fnaa de día y contemplar la animada vida la Medina. Cuando nosotros estuvimos, vimos también a muchos viejitos pidiendo limosna. Pregunté el motivo y me respondieron que las pensiones en Marruecos son mínimas y casi no les da para vivir. Es una pena que un país con tanto que ofrecer tenga a sus habitantes pasando penurias…

Cuando el sol comienza a esconderse, los turistas acuden en masa a contemplar el atardecer. La mejor forma de hacerlo es desde las azoteas de los restaurantes y cafeterías que hay por todo Jmaa el Fna. Solo tienes que pagar una consumición para que te dejen acceder a la azotea. Las vistas desde allí son perfectas. El sol se despide al tiempo que comienzan a sonar los rezos por los altavoces del minarete. ¡Es un momento precioso!

Cuando cae la noche, los vendedores ambulantes de la mañana se van y vienen otros, esta vez a montar pequeñas carpas donde cocinan comida árabe. Mucha gente me advirtió antes de viajar a Marrakech que no se me ocurriera comer en los puestos de comida de Jmaa el Fna por la noche, porque son muchos los que acaban fatal del estómago al día siguiente y con una diarrea que se quieren morir. Quizás la suerte estuvo de nuestro lado, puesto que nosotros cenamos allí cada noche y nunca tuvimos ningún problema. La comida riquísima, barata y en un ambiente super animado, con los camareros gritando tonterías, haciendo el payaso e invitando a todo el mundo a beber té con hierbabuena. ¡Aquello parecía una gran fiesta! A mí personalmente me encantó, y por eso repetíamos cada noche. Sinceramente, creo que vale la pena correr el riesgo de sufrir dolor de estómago jajaja.

De día o de noche, Jmaa el Fna fue sin duda mi rincón favorito de Marrakech.

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Zocos

Si eres adicta a la compras, no vayas a los zocos. Es más, si puedes, huye y no mires atrás. Los zocos, esa zona comercial laberíntica llena de luces y colorido, donde diferentes vendedores te acosan a cada dos pasos para que les compres algo. Babuchas de colores por allá, alfombras y artículos de plata por aquí, dulces árabes y un sinfín de especias por el otro lado… Si a todo esto le sumas una colección ilimitada de artículos de imitación de las grandes marcas (tipo Carolina Herrera, Gucci o Channel), el zoco de Marrakech se convierte en una trampa mortal para nuestras carteras.

La buena noticia es que todo es super barato. Bueno, eso si sabes regatear. La verdad es que hay que visitar el zoco controlando un poquito las ansias, porque si no te gastas todo el presupuesto del viaje en comprar chuminadas. Y vamos a ser sinceros, ¿realmente te imaginas a ti misma yendo a comprar el pan en tu pueblo con las típicas babuchas árabes de color rosa fucsia? Va a ser que no. Así que ir de compras al zoco, sí, pero con cabeza.

Por cierto, hay quien erróneamente piensa que para visitar los zocos de Marrakech es necesario contratar a un guía. Es cierto que se trata de un lugar laberíntico en el que hay un 99,9% de probabilidades de acabar perdido; pero en eso precisamente consiste la gracia de visitar los zocos. En cada vuelta que das descubres lugares nuevos y al final, siempre acabas yendo a parar a la plaza Jmaa el Fna, o sea que tampoco es tan difícil como dicen.

Personalmente, recomiendo dedicar como mínimo una tarde entera a recorrer los zocos, porque es una experiencia diferente que disfrutarás muchísimo. Por cierto, cuando nosotros visitamos los zocos compramos algunas prendas de imitación y, a día de hoy siguen intactas, ni se han encogido, ni han perdido el color, ni nada. ¡Y cuando pienso en el precio que pagamos por ellas, es que ni me lo creo aún!

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Mezquita Koutoubia

El alminar de esta mezquita es uno de los símbolos de Marrakech. Se encuentra situada a dos pasos de la plaza Jmaa el Fna y, como ya mencioné en el anterior post, los no-musulmanes tenemos prohibida la entrada. Sin embargo, no puedes perderte el pasear cerca de ella cuando el almuédano llama a los fieles a la oración por los altavoces del alminar. Cuando pasees por los alrededores de la mezquita, verás junto a ella un espacio lleno de pequeñas columnas. Se trata de las excavaciones que sacaron a la luz la existencia de una antigua mezquita construida en ese mismo lugar allá por el año 1147. Por cierto, un dato curioso es que el arquitecto que diseñó el alminar de la mezquita Koutoubia fue también el que proyectó la Giralda de Sevilla, así que se podría decir que ambas construcciones son hermanas.

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Murallas de la ciudad

La Medina de Marrakech se encuentra rodeada por una muralla de color rojizo construida alrededor del año 1120. La estructura, que apenas ha cambiado desde entonces, cuenta con una extensión de 10 kilómetros y posee varias torres y puertas de acceso. Si quieres contemplar toda la muralla, la mejor forma de hacerlo es montado en una calesa (coche tirado por caballos). En la plaza Jma el Fnaa hay miles de calesas a disposición de los turistas. Dependiendo del trayecto que quieras hacer y de la duración, el conductor te ofrecerá un precio u otro, pero siempre tienes que regatear. Puedes llegar a conseguir un paseo de una hora viendo las murallas por unos 100 MAD (10€), aunque los conductores siempre intentarán sacarte la mayor cantidad de dinero posible.

Tumbas sadíes

Se trata de un pequeño recinto que alberga las 66 tumbas de la dinastía sadí (1549-1668). El mausoleo consta de un pequeño jardín alrededor del cual se distribuyen los tres panteones. A mí me pareció un espacio muy bonito. Vale, no deja de ser un cementerio, pero la decoración es preciosa y es una visita imprescindible. Es curioso pensar que las tumbas sadíes permanecieron ocultas hasta el año 1920, cuando un oficial francés las descubrió. Se accede a ellas mediante un callejón muy estrecho, por lo que al principio resulta un poco difícil dar con el lugar. Para visitar las tumbas hay que pagar una entrada que cuesta 10 MAD (1€). Es un lugar bastante concurrido, por lo que es mejor visitarlo por la mañana temprano o a última hora de la tarde.

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Madraza Ben Youssef

Otro de mis rincones favoritos de Marrakech. Una madraza es una escuela coránica donde los alumnos estudian los textos sagrados del Corán. La Madraza Ben Youssef dejó de utilizarse como escuela en la década de 1960, y en la actualidad se encuentra abierta a los no-musulmanes. Pagando la entrada (no recuerdo el precio exacto, pero era muy baratita) podemos recorrerla a nuestro aire y maravillarnos ante su diseño y arquitectura. ¡Es un lugar precioso!

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Palacio el Badi

Esta palacio construido por el sultán Ahmed el Mansour fue uno de los palacios más majestuosos de la época, construido en el siglo XVI. Desgraciadamente, en la actualidad solo quedan las ruinas de tan grandiosa construcción. Nosotros no pudimos visitarlas, pero seguro que merece la pena recorrer los restos de aquel magnífico palacio. La entrada cuesta unos 10 MAD (1€). Si vas a visitarlo, intenta evitar las horas de más calor y siempre lleva agua, ya que prácticamente no hay espacios con sombra.

Jardín Majorelle

Este jardín botánico recibe el nombre del pintor francés Jacques Majorelle, su primer dueño. Se trata de un terreno que alberga diferentes especies de plantas de todo el mundo, entre las que se encuentran un jardín de cactus y un bosque de bambú. Dentro del jardín se haya la casa en la que residía el artista, cuya fachada está pintada en un color azul cobalto. A la muerte de Majorelle, el diseñador francés Yves Saint Laurent adquirió los jardines para evitar que fueran destruidos. En la actualidad, en uno de los edificios situados dentro del jardín podemos visitar el Museo de Arte Islámico. Recorrer el jardín a primera hora de la mañana es una delicia. Los colores que predominan en este espacio son el azul cobalto, el verde, el amarillo y el blanco. Es un espacio alegre y precioso, pero también suele ser muy concurrido. Por eso, intenta visitarlo temprano o al última hora de la tarde.

El jardín Majorelle se encuentra en la zona nueva de Marrakech, la Ville Nouvelle. Para llegar a ellos, nosotros cogimos un petit taxi en la Medina; regateamos con el conductor y finalmente pagamos 20 MAD (2€) para la idea y otros 20 MAD para la vuelta. La entrada nos salió gratuita (no recuerdo porqué exactamente jaja) pero el precio normal es un poco elevado para ser Marruecos, unos 70 MAD (7€) por persona.

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Hotel La Mamounia

Si dentro de tu cartera llevas una Visa Oro, podrás hospedarte en algunas de las suites de este hotel sin problema. Pero, si por el contrario, eres pobre como nosotros, tienes la opción de entrar al recinto del hotel y pasear por los jardines y la piscina y al menos hacerte una idea de como sería alojarte en uno de los hoteles más lujosos de toda Marrakech.

En sus habitaciones se han alojado personajes tan famosos como Winston Churchill, Bill Clinton, Kate Winslet y el Príncipe de Bel-Air (también lo conocen como Will Smith). Cuando te acercas a la entrada del hotel por primera vez y ves a no se cuantos seguritas de estos que miden 4 metros, mirándote con cara de pocos amigos, piensas: ¡mier..! ¡Se nota a la legua que soy pobre! Seguro que no me van a dejar pasar… Pero la verdad es que te dejan pasar, sobre todo si ven que eres turista. Hay personas que no se hospedan en el hotel pero que entran a tomar algo en la terraza. Nosotros íbamos con la idea de hacer eso también, pero cuando vimos que un San Francisco sin alcohol costaba unos 20€, le dijimos al camarero: ¡veeenga, ahí te quedas! Y nos fuimos a dar un paseo por el hotel, que eso sí que era gratis.

Y la verdad es que La Mamounia es un hotel precioso, con una decoración marroquí antigua que lo hace super especial. Las instalaciones eran perfectas y nosotros nos moríamos de ganas por pasar una noche allí jajaja

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Los jardines de Menara

Este típico jardín islámico está compuesto por árboles frutales, un gran estanque y un pabellón construido en el siglo XII. A mí me pareció un espacio sencillo pero muy bonito. Cuando estás recorriéndolo, reparas en que a lo lejos se divisan las montañas del impresionante Atlas, todas ellas nevadas. Es una sensación peculiar el estar paseando por los jardines bajo un sol abrasador y observar a los lejos la nieve de las montañas.

La entrada a los jardines de Menara es gratuita, y abren desde muy temprano en la mañana hasta las 18:30 de la tarde. Nosotros fuimos desde la Medina a los jardines en petit taxi, creo recordar que pagamos 10 o 20 MAD (1 o 2€) por el trayecto de ida. Para el viaje de vuelta, decidimos echarnos a andar tranquilamente por la Avenida de la Menara, que es una avenida muy ancha que conecta directamente los jardines con las murallas de la Medina. La verdad es que es un trayecto más bien corto, si acaso se hace un poco pesado por el calor, pero se puede realizar a pie perfectamente.

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Palacio Bahía

Este complejo palaciego fue construido en la década de 1890 por un poderoso gran visir. En la actualidad podemos recorrer el interior del palacio, incluyendo las habitaciones lujosamente decoradas que utilizaban el visir y sus cuatro esposas. Pobre hombre, anda que no tenía que estar agobiado con cuatro mujeres para él solo jajaja

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La Palmeraie

En una zona residencial al norte de Marrakech se encuentra este jardín de palmeras. Nosotros decidimos no visitarlo porque leímos en Internet que este lugar cada vez estaba en peor estado de conservación. Por lo visto, hace unos años era un palmeral precioso (he visto fotos de aquel entonces y se veía muy bonito) pero últimamente no le están dedicando los cuidados que merece un espacio como este. Y eran muchos los viajeros que decían que la mayoría de las palmeras estaban enfermas o partidas, por lo que la visita no merecía tanto la pena. Muchos turistas acuden a visitar el Palmeral porque allí se encuentran los criadores de dromedarios. Acuerdas con ellos un precio y puedes darte un paseo montado en uno de estos animales.

Nosotros decidimos prescindir de esta visita porque ya íbamos a montar en dromedario durante la excursión al desierto, y tampoco nos apetecía desplazarnos hasta el jardín solo para ver una pocas palmeras sanas. Desconozco el estado actual del Palmeral, pero si te hace ilusión montar en dromedario durante tu estancia en Marrakech, quizás si merezca la pena organizar una visita. Quizás ya hayan empezado a mejorar el jardín y pronto vuelva a ser tan bonito como fue hace unos años.

Las curtidurías

Cuando he mencionado los olores nauseabundos que se pueden encontrar en la Medina de Marrakech, me refería a este rincón en concreto. Las curtidurías es el lugar donde se realiza el curtido de pieles de animales para la fabricación de bolsos, zapatos y demás artículos de piel. Cuando los turistas lo visitan, la persona que trabaja allí y que se encarga de mostrar el recinto a los visitantes, les da una hoja de hierbabuena para que realicen el recorrido con la hierba pegada a la nariz. ¿Por qué? Pues por que el olor que sale de las curtidurías es realmente asqueroso.

Para curtir una piel de animal, primero hay que quitarle todo el pelaje. En las curtidurías de Marrakech trabajan con piel de vaca, oveja y camello. El primer paso es sumergir la piel durante dos semanas en barreños de cal viva, para quitarle los últimos pelos o restos orgánicos que hayan quedado del animal. Posteriormente,  la piel ya “limpia” se sumerge en otros barreños que contienen excrementos de paloma. El tercer paso es sumergir la piel en unos barreños con tinta para teñirla de diferentes colores. Finalmente, dejan secar la piel colgada en unos tendederos. Sabiendo todo esto, ya se pueden imaginar que aquí precisamente no huele a rosas. Lo peor de todo es ver a los pobres trabajadores metidos hasta las rodillas en los barreños de caca y amoniaco, trabajando la piel , haciendo un gran esfuerzo físico y encima inhalando esos olores tan desagradables. Es un trabajo realmente duro y por lo visto los sueldos que reciben son precarios.

Por muy desagradable que pueda ser la visita debido a los malos olores, de verdad creo que merece la pena.

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Ville Nouvelle (Ciudad Nueva)

En el año 1912, Marruecos se convirtió en un Protectorado Francés. Cuando los ciudadanos franceses comenzaron a llegar a Marrakech, fuera de la Medina se construyó una ciudad que albergó las residencias de los “nuevos” habitantes, la Ville Nouvelle. Hoy en día es la zona más moderna de Marrakech, con restaurantes tipo McDonalds y tiendas de ropa estilo Zara, Mango y demás.

Últimas recomendaciones

  • Si vas a viajar en Marruecos, no olvides llevar el pasaporte, con más de 6 meses de vigencia.
  • Viajar a Marruecos sin seguro médico es una locura. Nunca se sabe qué puede pasar y más vale estar prevenido. Nosotros siempre contratamos nuestro seguro de viaje con Iati. Puedes acceder a su web para consultar precios y si finalmente decides contratarlo, puedes obtener un 5% de descuento en la compra de tu seguro si accedes a la web desde este enlace.
  • No está de más meter en tu maleta algún medicamento para la diarrea o para el ardor de estómago. Nosotros no tuvimos ningún problema con la comida que ingerimos en Marrakech, pero más vale prevenir que curar y te recomiendo llevar algún medicamento que te pueda sacar de un apuro en un momento dado. De todas maneras, si te surge algún problema siempre puedes conseguir medicamentos en alguna farmacia de Marrakech.
  • El índice de criminalidad en Marruecos es bajísimo. Sin embargo, cuando se forman las aglomeraciones en la plaza Jmaa el Fna, hay algunos carteristas que aprovechan la ocasión para robar a los turistas. Pero bueno, eso también pasa en cualquier ciudad europea, así que tampoco es algo para alarmarse.
  • Visitar un hamman o un spa es una actividad obligatoria. Verás muchos de ellos repartidos por todos Marrakech. Si sabes buscar, encontrarás ofertas de tratamientos y masajes por un módico precio. ¡No olvides llevar el bañador!

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  • El día que vuelvas al aeropuerto de Marrakech-Menara para coger tu vuelo de regreso a casa, vete con muchísima antelación. Dos horas antes de la salida de nuestro vuelo, nosotros ya estábamos allí, y aún así casi perdemos el avión. Las colas que se forman en el control de pasaportes son kilométricas y los policías marroquís hacen su trabajo con más calma de la que debieran. Si tienen que abandonar su puesto para ir a buscar un té o para saludar a un amigo, lo hacen, y no les importa tener a cincuenta personas haciendo cola.
  • Si vas a viajar con tu novia, esposa o amiga especial, da por hecho que los jóvenes marroquís se pondrán a hacerte bromas, diciéndote que te ofrecen cambiarla por camellos o vacas. Ceder al cambio es ya cosa tuya… Por ejemplo, a Jonás le propusieron cambiarme por un Ferrari, y yo ya me veía a mí misma viviendo en una aldea remota de Marruecos, con un velo en la cabeza, cocinando cuscús y cuatro niños morenos hablándome en árabe. Menos mal que al final Jonás se lo pensó mejor y llegó a la conclusión de que mantener un Ferrari costaba mucho dinero 😀

¡Y aquí termina el post de hoy! Si no has visto la primera parte de nuestro viaje a Marrakech, te recomiendo que pases a echarle un vistazo. Y si durante tu estancia en este increíble país, decides visitar el asombroso desierto de Merzouga, esperamos que nuestra experiencia en él pueda servirte como guía (tienes el link aquí).

Cualquier pregunta o duda que te surja, estamos a tu disposición. Puedes mandarnos un mensaje por aquí o por nuestras redes sociales (Instagram y Facebook).

¡Hasta la próxima! 😀

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Somos Jonás y Libertad, unos locos por los viajes que un día sintieron la necesidad de contar al mundo sus aventuras. Cuando no estamos viajando, lo más probable es que estemos planeando la siguiente escapada. Si eres de los que les gusta soñar despierto con recorrer mil y un lugares, ¡este es tu sitio!

2 Comentarios
  • miguel
    Publicado a 22:56h, 27 diciembre Responder

    Hola libertad, he leído varios de tus post y te ánimo a que sigas escribiendo, lo haces de manera amena e informativa, además públicas buenas fotos. Abrazo

    • Libertad
      Libertad
      Publicado a 15:31h, 28 diciembre Responder

      ¡Muchas gracias, Miguel, eres muy amable! Un abrazo 🙂

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